A mí no me sorprende que el Gobierno de la nación, sustentado en una cómoda mayoría absoluta parlamentaria, anuncie, por boca de sus miembros, iniciativas y acciones que están en el programa electoral que obtuvo el respaldo de una buena parte de la ciudadanía española. El Partido Popular es un partido de derechas de toda la vida, en cuyo seno, aún no tengo claro si para bien o para mal, alberga también a la ultraderecha.
¿Pensábamos, acaso, que Gallardón era medio progre porque así se quiso hacer creer? ¿Pensábamos, acaso, que el Gobierno y el Partido Popular iban a mantener avances significativos para las mujeres, que, en buena medida, proceden de la agenda del feminismo? ¿Pensábamos, acaso, que el Gobierno no iba a favorecer a ciertos grupos de presión que son el sustento moral, ideológico y económico de la derecha española?
El Gobierno está mostrando coherencia. Está haciendo lo que de él esperan sus votantes. Y si alguien votó al Partido Popular y se asusta con el anuncio de ciertas medidas, si me permite un consejo, le diría que en la próxima convocatoria electoral reflexione mejor su voto.
Si hay que manifestarse, yo me voy a manifestar, porque el derecho al pataleo no nos lo quita nadie, porque la llamada "sociedad civil" tiene que hacerse oír y porque sirve para que el ánimo no decaiga, pero, sobre todo, las personas que militamos en partidos de izquierdas que aspiran a volver a gobernar, en el PSOE, en fin, y más pronto que tarde, debemos trabajar dentro, en nuestras organizaciones, para recuperar la credibilidad perdida y debemos trabajar fuera, con la gente, para escucharla y para que nos escuche y para volver a demostrar que somos de fiar.

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